El destino (también llamado fatumhado o sino) es el concepto por el cual una persona cree que los eventos o las acciones están determinadas. El destino sería un poder sobrenatural o plan que guía la vida humana y la de cualquier ser a un fin no escogido. El destino es por lo tanto, el antónimo del libre albedrío 

El destino se relacionaría con la teoría de la causalidad que afirma que, si «toda acción conlleva una reacción, dos acciones iguales tendrán la misma reacción», a menos que se combinen varias causas entre sí haciendo impredecible a nuestros ojos el resultado.

Nada existe por azar al igual que nada se crea de la nada.1​ Todo tiene una causa, y si tiene una causa estaba predestinado a existir desde el momento en que la causa surgió. Debido a que la inmensa cantidad de causas es impensablemente inmensa, nos es imposible conocerlas todas y enlazarlas entre sí. Esto puede estar estrechamente relacionado con un tejido, en el que cada uno de nosotros es una cerda que se involucra con otras y al final esta se va entretejiendo para crear un propósito, aquel propósito que ha completado y da por hecho la realización de una vida.

Alguna aparente consecuencia a tal posibilidad del destino sería, evidentemente, la negación de la libertad humana. Pero tal cuestión presupone el problema de la esencia humana resuelto. Si no se puede discernir alguna sustancia que distinga al hombre del resto del universo entonces argumentar en torno a la libertad humana es absurdo. Pero sí es posible discernir. Por ejemplo, no existe evidencia de que un ser vivo, a diferencia del hombre, sea capaz de escribir y de leer sus códigos. Esto permite la perpetuación de cualquier conocimiento. El lenguaje en sí no es suficiente. No tiene potencial de ser reconocido por otras entidades inteligentes. Imagínese un universo con un único elemento. Si se preguntase si tal elemento es libre o no lo es sería una pregunta sin sentido pues no habría nada que pudiera, al menos en principio, condicionar o limitar su libertad. Si a esto se le pretendiera contraargumentar afirmando que es libre precisamente porque no hay algo que lo condicione, entonces el "algo" representaría un elemento más al universo, lo que traería como consecuencia estar tratando un universo de dos elementos, es decir, un universo diferente. Tal "algo" no tiene posibilidad en un universo de un solo elemento por el simple hecho de que ya no sería de una sola unidad. Entonces, para indagar sobre libertad humana primero debe hacerse como mínimo una separación auténtica y clara de al menos dos elementos en nuestro universo, en otras palabras, hacer un criterio de demarcación entre el sujeto y el universo.

El sujeto en relación con el universo, solamente, es perenne, puesto que no se considera la vida, la cual surge del universo. Cualquiera puede encontrar en la tabla periódica de los elementos la vida. Pero no se ha podido demostrar por laboratorio. Es decir, no se ha podido crear vida. Entiéndase que la vida ya existe antes que nosotros lo humanos, y que nos incorporamos a ella al nacer, debemos supeditarnos a ella, no tratar de estar por encima. Es ilógico y contradictorio en toda su extensión. Por tanto la vida nos explica, nosotros no. Aunarse a ella, a sus principios, que pueden observarse en su comportamiento, es el fin. De ahí para delante, el destino no está prescrito, no es concebible, es vivible.

 

Mikel M